Manifestaciones, mesas redondas, revoluciones : en 1989, el este de Europa puso fin a los regímenes comunistas impuestos desde la Segunda Guerra Mundial, e hizo caer el “telón de acero”. Con posterioridad, de Varsovia a Bucarest, pasando por Praga o Budapest, los pueblos han descubierto una nueva manera de vivir: la democracia, los viajes, el capitalismo, la capacidad de elegir, pero también el paro, la corrupción y la inmigración. Veinte años después, a pesar de la adhesión a la Unión Europea y a la OTAN, la transición no ha acabado.
Hiroshima, Chernóbil, Zona Cero, Auschwitz... Tantos lugares que evocan masacres, genocidios y catástrofes y que atraen cada año a millones de turistas. En Rumanía, es la antigua prisión de Sighet la que atrae la curiosidad de los visitantes en búsqueda de emociones lúgubres.
En 2008, casi uno de cada dos rumanos recibió ayudas sociales. Se trata de holgadas pensiones de jubilación o de largas vacaciones de maternidad, el Estado cuida generosamente a sus ciudadanos. El único pero es que los parados en nada se benefician del sistema, al contrario que los más ricos.
Nacidas en lo que por entonces se llamaba todavía "países del Este", hoy tienen veinte años y disfrutan sin complejo de la apertura de sus sociedades al capitalismo. Cita con las nuevas "working girls" de Europa.
Entrevista al director de la Representación de la Comisión Europea en España, Francisco Fonseca Morillo.
Es un lugar común decir que a la ciudadanía Europa les resulta ajena. Pero es un hecho ¿Dónde falla la comunicación?
Lo primero que se plantea la Presidencia española es el desarrollo del Tratado de Lisboa, porque consideramos que pone en marcha una nueva Unión, como hizo el Tratado de Maastricht en su momento. El salto cualitativo es tal que nos vamos a encontrar con una UE más democrática, más eficaz, con más competencias, más procedimientos de toma de decisiones por mayoría cualificada, más codecisión entre el Parlamento y el Consejo, más atención al ciudadano, más derechos…