Como introducción a la publicación de una serie de retazos del Tratado de Lisboa, una editorial del Wall Street Journal ha lanzado un ataque contra el ministro de Economía irlandés, Brian Lenihan, por haber dicho que si Irlanda vota “no” en el referéndum del 2 de octubre, será “como decir al mundo que el país ha optado por un aislamiento económico" que desembocará en "una fuga de capital y un aumento de los tipos de interés". Según esta publicación, “Ni que decir tiene que Lenihan está valiéndose de terrores fantasma para asustar al pueblo irlandés y hacer que vote a favor”. Es un lugar común sugerir que el periodo de crecimiento que acaba de terminar en Irlanda se debió a la "generosidad comunitaria", pero según nos dice el WSJ, “Irlanda estuvo chupando del bote de las subvenciones regionales europeas durante veintitantos años sin efecto aparente. A mediados de los ochenta, todavía era un país pobre con respecto al resto de Europa”. El boom económico empezó con una campaña estatal de recortes fiscales que afectaban al suministro. “La época dorada del Tigre Celta ha concluido de momento, pero ha dejado a Irlanda una base económica como punto de partida que no depende en modo alguno de la magnanimidad de los burócratas de Bruselas". El diario termina declarando que el voto a favor tampoco debe ser consecuencia “ni de lo que digan astutos agoreros ni de las amenazas”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.