“El intento de los europeos de basar su política exterior en un fundamento ético podría fracasar”, afirma el Tagesspiegel, citando los casos de Afganistán, Zimbabue y Libia. En el caso de Libia, se trata de un país con importantes recursos de hidrocarburos de los que cada cual quiere su parte sin que importen los derechos humanos, mientras que la UE “pide al menos de forma retórica el respeto de los derechos humanos y de los estándares democráticos en sus relaciones con Afganistán y Zimbabue”. Sin embargo, su timidez ante el viejo dictador Robert Mugabe es desconcertante: la UE tiene previsto volver a asignar a Zimbabue toda la ayuda al desarrollo prevista, “pese a que los defensores de los derechos humanos y los miembros del partido de la oposición sean torturados”. Por otra parte, con respecto al gobierno de Hamid Karzai, la UE “tendrá dificultades para explicar por qué se financia la organización de las elecciones en Afganistán con el dinero del contribuyente europeo sin que los numerosos fraudes electorales tengan la más mínima consecuencia”, considera el diario berlinés. Según éste, “hay ciertamente buenas razones de realpolitik para cooperar” con estos gobiernos, “pero al menos deberíamos reconocer que los intentos de democratización han fracasado”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.