El encuentro que mantuvieron el 10 de septiembre el primer ministro eslovaco, Robert Fico, y su homólogo húngaro, Gordon Bajnai, ha concluido con una declaración conjunta en contra del extremismo. Con respecto a la ley de política lingüística eslovaca, que Budapest califica de vulneración de los derechos de la minoría húngara, Fico y Bajnai han decidido seguir las recomendaciones del informe del Alto Comisario para las Minorías Nacionales de la OSCE, Knut Vollebaek. Se constituirá una comisión policial conjunta para combatir el extremismo a ambos lados de la frontera.
“Las personas equivocadas, en el sitio equivocado”, reza uno de los titulares de Pravda. El diario eslovaco estima que el encuentro no ha solucionado más que “la periferia del problema” y no el “meollo” del mismo, que habría que buscarlo en Eslovaquia: “Las mentiras sobre la ley de política lingüística no proceden de Hungría sino del SMK, el Partido de la Coalición Húngara, que aglutina a la minoría de lengua húngara de Eslovaquia”. Sin embargo, Pravda también anima al Gobierno a que sea “generoso” con dicha minoría. Por su parte, el diario húngaro Népszabadság celebra que “los esfuerzos diplomáticos de Hungría para trasladar la cuestión a la escena internacional hayan dado fruto”, pero pone en duda que Bratislava pretenda atender a las exigencias europeas.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.