Después de 60 años de desencuentro, la República Checa y el Principado de Liechtenstein han reestablecido relaciones diplomáticas, primer paso para la resolución de una disputa territorial que se remonta a antes de la guerra y que incluyó la confiscación de bienes pertenecientes a la familia real del Principado. “Liechtenstein fue el único país del mundo en negarse a reconocer a la República Checa”, recuerda Mladá Fronta DNES, que explica que la familia del príncipe Hans-Adam II poseía más de 1.600 km2 de tierras en la República Checa, (diez veces la superficie del Principado), incluyendo 13 castillos, de los cuales dos están registrados como patrimonio mundial por la UNESCO. Estos bienes, explica el periódico praguense, fueron nacionalizados por Checoslovaquia en 1945 por medio de los decretos de Benes correspondientes a la expropiación y expulsión de los alemanes de los Sudetes.
En un memorándum común, los representantes de ambos países se avienen a “ceder el asunto del pasado a una comisión de historiadores", añade el periódico. Sin embargo, no será este hecho que lo que impida a Vaduz continuar la batalla legal por la recuperación de los bienes nacionalizados por Praga. El reconocimiento mutuo entre los dos países reviste, además, un interés práctico, agrega MF DNES, ya que "es necesario para la firma del tratado sobre la doble imposición sobre la cual se encuentran trabajando".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.