Los temores producidos por la caída de las bolsas a principios de semana y las presiones de la UE y de Alemania parecen haber dado sus frutos: el Senado italiano tenía que aprobar este 7 de septiembre la última versión del plan de austeridad que reduciría el déficit público y aliviaría al BCE. Los diputados deberán aprobarla a lo largo de la semana. El plan, modificado en varias ocasiones desde que se anunció, prevé entre otras cosas, aumentar en un punto el IVA (que pasará a ser del 21%) y aplicar un impuesto a los ingresos que superen los 300.000 euros al año, explica el Corriere della Sera. “¿Qué ha sido de reducir a la mitad los parlamentarios?”, pregunta el editorialista Dario Di Vico, que compara el plan a la tela de Penélope y pide al Gobierno que “ponga punto y final”. El plan ya ha provocado reacciones por parte de los interlocutores sociales: el 6 de septiembre, casi un millón de personas se manifestaron en varias ciudades italianas convocados por la CGIL, el sindicato principal, para protestar contra los recortes presupuestarios anunciados.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.