“Los alemanes deben hacer sacrificios por el euro”, resume Berliner Zeitung. En una entrevista concedida al diario, el jefe de la Federación Industrial Alemana, Hans-Peter Keitel, pide a Angela Merkel salvar la moneda única “aunque haga daño”. “Queremos avanzar e invertir en el euro. Necesitamos una Unión estable”, declara Keitel. “Si queremos hacer avanzar la integración, hace falta que todos los Estados miembros respeten las reglas o cedan competencias nacionales”. A cuatro semanas del debate parlamentario sobre los planes de rescate europeos y la puesta en marcha de un nuevo mecanismo de gobierno económico europeo, Angela Merkel está de su lado pero se enfrenta a críticas cada vez más fuertes. La CSU, la rama bávara del partido cristiano-demócrata de la canciller, también se ha declarado “decididamente en contra de un gobierno económico y de un ministro de economía europeo”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.