Socio político infiel, líder errático: en una entrevista al bimestral alemán Internationale Politik, el antiguo canciller alemán Helmut Kohl lamenta la falta de previsibilidad de la política interior y exterior alemana bajo la batuta de Angela Merkel. La "buena dirección" seguida por el antiguo canciller hacia la reunificación y la integración europea se tambalea: "Nos arriesgamos a perderlo todo", avisa Kohl. Debemos retomar nuestra fiabilidad de antaño. Las relaciones transatlánticas, la Europa unificada y la amistad franco-alemana son "pilares elementales. Si perdemos ese anclaje, las consecuencias serán catastróficas".
El antiguo jefe de Gobierno condena un "grado alarmante de falta de coraje" y se declara convencido de que "las grandes transformaciones del mundo actual no pueden servir como excusa ante la falta de visión y de ideas sobre el bando al que pertenecemos y la dirección que queremos tomar", criticando de manera indirecta a su sucesora y antigua protegida Angela Merkel. Para cumplir un rol de líder europeo, hace falta pasión y dureza: “Si no se tiene, no se debe estar en esa posición”.
Con respecto a la crisis griega, Helmut Kohl considera que "no debemos ni plantear la cuestión de si somos solidarios con Grecia". "Si yo fuera canciller, no hubiera dado mi consentimiento a la entrada de Grecia en la Eurozona sin que se hubieran realizado reformas fundamentales en ese país", asegura el antiguo dirigente. "Conmigo, Alemania no hubiera violado los criterios de estabilidad del euro. Son faltas que se han cometido. Pero la buena noticia es que son reparables. Sin embargo, no debemos hacer como si fuera únicamente una cuestión de dinero. Europa, en crisis, necesita un paquete de medidas preventivas mediante las que poner al euro sobre el buen camino y asegurar su futuro”.
Por ahora, es difícil evaluar el impacto de estas críticas sobre los debates en el seno de la CDU. Para el Frankfurter Allgemeine Zeitung, tradicionalmente próximo al partido cristiano-demócrata, Helmut Kohl ha reclamado “puntos de vista y principios” claros, porque el partido no aporta ningún respuesta a la pregunta de saber “si alguien que rechaza los eurobonos puede ser un buen europeo”. En respuesta a las críticas de Kohl, FAZ señala que “la integración ha alcanzado un punto donde las diferencias fundamentales de mentalidad y de cultura entre los Veintisiete no pueden disimularse con referencias a la historia (…) y al dinero alemán”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.