“Sin concesiones y con más vigilancia" son las soluciones de David Cameron para una “Gran Bretaña rota”, titula The Guardian, que relata los intentos del Gobierno británico por identificar las causas y las consecuencias de los recientes disturbios. El número de policías que realizan entrenamientos antidisturbios aumentará considerablemente, indica el periódico de izquierdas, que recoge como el primer ministro ha prometido “cambiar por completo las vidas” de 120.000 familias para corregir lo que ha llamado “un colapso moral a cámara lenta”.
Mientras tanto, en una polémica decisión, se ha permitido a los jueces de primera instancia hacer caso omiso a las directrices para la imposición de penas a la hora de castigar a los protagonistas de los disturbios. Un estudiante de 23 años “ha sido enviado a prisión seis meses por robar botellas de agua con un valor de 3.50 libras [3,98 euros] en un supermercado”.
Siendo un supuesto progresista, Cameron está hablando de una forma preocupantemente "thatcheriana" según un artículista de The Guardian: “frío, cínico y algunas veces bastante extraño”. Los críticos a la reacción de Margaret Thatcher tras los disturbios de Brixton en 1981 descubrieron su “incapacidad para hacer comentarios adecuados cuando hacía falta una mayor comprensión de la situación social”. Hoy debemos decir lo mismo sobre Cameron, según el diario.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.