“La policía atacada mientras Londres arde”, titula The Guardian, al informar sobre los disturbios que tuvieron lugar el sábado por la noche en la capital del Reino Unido y que se prolongaron durante todo el fin de semana. Las revueltas comenzaron en un municipio al norte de Tottenham, después de que el jueves 4 de agosto arreciaran las protestas por la muerte a tiros de un hombre por parte de la policía. Coches de policía y edificios fueron incendiados, y el lunes siguiente, el diario británico de izquierdas informa que más de 160 personas habían sido detenidas, 35 policías heridos, y que los disturbios y saqueos se habían extendido a los barrios del sur y el este de Londres. El Ministro del Interior interrumpió además sus vacaciones para hacer frente a la crisis.
La multitud estaba “saqueando tiendas a plena luz del día”, informa el periódico de tendencia derechista Daily Telegraph, e incluso – muy a la inglesa- “formando ordenadas colas para robar la ropa” de una tienda que había quedado destrozada.
Nada excusa este vergonzoso comportamiento, escribe un comentarista de The Guardian, pero la policía, y especialmente, su unidad contra el crimen, debe tener extremo cuidado para evitar aumentar las tensiones y para organizar una investigación adecuada sobre los disparos que provocaron los disturbios. De lo contrario, los habitantes de los barrios más pobres de Londres podrían sentir, con razón, que son “ demasiado vigilados como criminales, y poco atendidos como víctimas”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.