“El síndrome Merkel”, titula Cicero, que publica un grueso informe contra la canciller. Con artículos titulados “el fantasma de la cancillería”, “La pérdida de la credibilidad”, “Quién gobierna pierde” o “Salven nuestro Estado de derecho”, el mensaje de la publicación mensual berlinesa es claro: después de cinco años en el poder, y un tercer mandato en perspectiva, los alemanes no han comprendido todavía quién es su jefe de Gobierno ni que es lo que quiere hacer. “El método Merkel, que consiste en dramatizar y despolitizar las cuestiones altamente dramáticas y políticas -el medio ambiente, las nucleares, Afganistán, los mercados financieros fuera de control, la crisis del euro- no sirve ya para gobernar.” Cicero, que estima que un tercer mandato estaría de más, predice meses negros para “Mutti”: “La tregua adoptada por los periodistas frente a la primera mujer canciller podría haber durado casi seis años. Muchos cronistas la tratan con delicadeza, criticándola afectuosamente y mostrando comprensión por su democracia tambaleante, sin ninguna visión de futuro. Ahora, todo eso ha terminado.”
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.