Las relaciones entre Eslovaquia y su vecina Hungría están en horas bajas desde la partición de Checoslovaquia en 1993. "Los eslovacos deberán dar explicaciones a Bruselas por el alto a los húngaros", escribe Hospodárské Noviny, después de que al presidente húngaro, Laszlo Solyom, se le denegara el acceso al territorio eslovaco por parte del Primer Ministro de Bratislava, Robert Fico. Solyom debía ir a Komárno, una ciudad separada por el Danubio de su ciudad hermanada húngara, Komarom, en la que vive una importante minoría magiar, para inaugurar una estatua de St-Etienne, el santo patrón de Hungría, el 21 de agosto. Pero tuvo que detenerse en el puente que atraviesa el río. El presidente Solyom presentará pues una queja a la Unión Europea, ya que los dos países son miembros desde 2004. "Lo que ocurre es exasperante, no europeo e inadmisible", ha declarado al diario eslovaco el austriaco Hannes Swoboda, vicepresidente del Partido Socialista Europeo (PSE), quien explora en este momento la posibilidad de integrar el partido socialdemócrata de Fico.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.