El diario financiero La Tribune cubre en portada una información exclusiva: “La Biblioteca Nacional de Francia (BNF) estudia con Google la posibilidad de confiarle parte de la digitalización de sus fondos. Hecho que resulta de lo más significativo si se tiene en cuenta que, en el año 2005, la BNF encabezó la oposición europea frente al proyecto de Google de elaborar una biblioteca electrónica universal.” Jean-Noël Jeanneney, entonces presidente de la BNF, publicó un ensayo corto titulado “Cuando Google desafió a Europa”, alertando del “riesgo que corrían de que Estados Unidos se hiciera con el control absoluto”.
El hecho de que la BNF se retracte se debe al inmenso coste que supone la digitalización de sus fondos. Según el periódico financiero, Denis Bruckmann, director general adjunto y director de las colecciones, afirma en la actualidad que “Si Google permite avanzar más rápido y llegar más lejos ¿por qué no?” Al igual que su análoga Bodleian Library de Oxford, veintinueve de las mayores bibliotecas del mundo ya han llegado a un acuerdo con Google.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.