“Kenny acusa al Papa de quitar importancia a la violación y tortura de niños”, titula el Irish Independent. Justo una semana después de la publicación del informe Cloyne sobre el abuso sexual infantil, el primer ministro Enda Kenny ha lanzado un ataque histórico al Vaticano. El informe, que escudriña las alegaciones de abuso de niños contra 19 curas en la diócesis de Cloyne, en el sur de Irlanda, ha desenterrado una cultura de encubrimiento y obstrucción de la justicia que llevaba directamente a Roma. Hablando ante el Dail (el Parlamento irlandés) Kenny dijo: “En lugar de tratar la violación y tortura de niños seriamente, los hechos fueron minimizados, pues el único interés de la institución era preservar la primacía de la institución, su poder, su solidez y su 'reputación'.” En lo que el diario de Dublín describe como lo que es “su discurso más duro como primer ministro -e incluso en toda su carrera”, el diario afirma que las revelaciones “han llevado al Gobierno, los católicos irlandeses y el Vaticano a un tormento sin precedentes”. Antes de que el Vaticano hiciera algún comentario, el Irish Independent apunta que “el discurso de Kenny se asegura mandar una onda de choque a través de la jerarquía eclesiástica y el Vaticano. Irlanda siempre ha tenido una relación servil con la Santa Sede”, añade el periódico.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.