"Llamas de odio”, titula el Belfast Telegraph. El periódico norirlandés lleva en portada la fotografía de un policía antidisturbios con el casco en llamas tras la segunda noche de violencia en Belfast. La temporada de manifestaciones de los lealistas [partidarios de la permanencia de Irlanda del Norte en el Reino Unido] ha llegado a su punto álgido y los protestantes están ocupando las calles de toda la provincia para conmemorar la victoria, en 1690, del príncipe Guillermo de Orange en la batalla del Boyne contra el rey católico Jaime II. Los enfrentamientos se desencadenaron el lunes y el martes por la noche en Belfast cuando grupos de nacionalistas intentaron bloquear las manifestaciones de protestantes que pasaban cerca, e incluso atravesaban en algunos casos, de zonas tradicionalmente católicas. El periódico, tradicionalmente unionista, culpa a los grupos disidentes nacionalistas que se oponen al proceso de paz en Irlanda del Norte y “mandan sus miembros a puntos calientes de la ciudad donde alentan a jóvenes implicados en delincuencia menor a enfrentarse con la policía.”
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.