“A partir de hoy, la UE somos nosotros” proclama orgullosa en portada la Gazeta Wyborcza. A las doce en punto del mediodía en el Sejm, o Parlamento polaco, el primer ministro húngaro Viktor Orban entregará oficialmente la presidencia rotatoria de la UE a Polonia. El próximo medio año se plantea como una gran prueba tanto para el gabinete de centro-derecha del primer ministro Donald Tusk como para la clase política polaca en su conjunto. “Si lo gestionamos bien, nos convertiremos en uno de los pilares de la UE, como Alemania y Francia”, declara el diario de Varsovia. Dziennik Gazeta Prawna advierte, sin embargo, que la presidencia es un reto “logístico e intelectual” y que el truco consiste en no hablar de varias decenas de prioridades, sino en “darse verdaderamente cuenta de las pocas que son realmente cruciales”. Rzeczpospolita también emite una advertencia, al subrayar que Varsovia se hace cargo de la presidencia de la UE en un momento en el que “Europa teme por su futuro” – “en Grecia se mantiene un estado de emergencia informal” mientras los españoles y los portugueses se quedan sin agujeros en los que poder seguir apretándose el cinturón. Mientras tanto, Polska The Times sugiere que, siendo una acérrima defensora de la integración europea, Polonia puede desempeñar un papel fundamental en la actual “lucha entre eurocépticos y eurooptimistas” en que se encuentra sumida Europa.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.