La víspera de la votación en el Parlamento griego sobre el plan de austeridad exigido por la UE y el FMI, Ta Nea consagra su portada a "la fórmula francesa para la crisis griega". "El presidente francés es el primero en encender una luz para ver el final del túnel de la crisis", se congratula el diario. Según el proyecto de NIcolas Sarkozy, "los bancos franceses se comprometerían a mantener sus títulos de deuda griega durante 30 años para garantizar la viabilidad del país. Esto ha alegrado evidentemente a los bancos griegos, que ven en ello un primer paso hacia una verdadera solidaridad europea, y que concede un pequeño respiro a Grecia".
El plan se presenta como tal, explica Le Figaro: "Cada vez que Atenas reembolsa 100 euros a su acreedor, por el vencimiento de un préstamo anteriormente concedido, éste reinvierte 70 euros. De esta cantidad, 50 euros son nuevos préstamos a 30 años para Grecia y los otros 20 euros se destinan a títulos de deuda".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.