"¿Más Europa para salvar al euro?", se plantea La Tribune el día de arranque de un Consejo Europeo consagrado en parte a la búsqueda de soluciones sostenibles para solventar la crisis de la deuda. "No se trata tanto de querer imponerse sobre el resto sino de no ser una carga para los otros", subraya el diario económico. Además, "en el momento álgido de la crisis, la idea federal regresa con brío". Numerosas personalidades, "los antiguos viajeros del Eurogrupo", (el luxemburgués Jean-Claude Juncker, el italiano Giulio Tremonti o el belga Didier Reynders), abogan claramente por las euro-obligaciones, que implican una financiación solidaria y conjunta de una parte de las deudas públicas de la zona euro. Con respecto a Jean-Claude Trichet, prosigue el diario, "deja su rol de presidente del Banco Central Europeo (BCE) y justifica [la figura de] un ministro europeo de Finanzas".
No obstante, el diario advierte en su editorial, que una gestión económica colegiada supone un abandono de la soberanía política, "para asegurar la perennidad de una zona monetaria es necesario poder realizar transferencias internas que redistribuyan los excedentes de los países ricos frente a los países deficitarios. Por el momento, con un presupuesto de 1,2% del PIB europeo, Europa tiene no sólo un problema de legitimidad política, sino de falta de medios".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.