“Los bancos boicotean la ayuda a Grecia”, titula el Financial Times Deutschland, que explica cómo el sector financiero alemán pide “garantías estatales” y “ciertas seguridades” como contraprestación a su ayuda para salir de la crisis. En la actualidad, los 120.000 millones de euros del plan de salvamento prestados a Atenas hasta 2014 se han sido desembolsados por los Estados miembros de la zona euro (60.000 millones), a través de los ingresos de las privatizaciones en Grecia (30.000 millones) y por los acreedores privados, los bancos, los fondos de inversión y los seguros (30.000 millones). El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, “quiere mantener entrevistas confidenciales con los bancos para ver qué se puede prever” antes del 3 de julio, fecha en que los Veintisiete decidirán si desembolsan 12.000 millones de euros para Atenas. No obstante, en un artículo de opinión, el economista Nouriel Roubini constata que en el sector público empiezan a faltar medios “para llamar al orden a los acreedores”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.