Jose Manuel Barroso se va a tener que enfrentar a un temible nuevo rival para defender sus aspiraciones a la reelección como presidente de la Comisión Europea: el ex ministro de Asuntos Exteriores alemán Joschka Fischer. El diario Dziennik declara que, aunque Fischer todavía no ha confirmado que quiera el puesto, los Verdes apoyan su candidatura. De hecho Daniel Cohn-Bendit, líder del partido en el Parlamento Europeo, dijo ayer que “no estaría nada mal que le diesen un mandato europeo a Joschka”. Asimismo, el rotativo polaco sugiere que por razones de ideología también resultaría más fácil de aceptar para los socialistas y las agrupaciones de izquierdas más pequeñas.
Aunque el interfecto ganase la batalla contra Fischer, la importancia del cargo durante un segundo mandato probablemente sea bastante menor que durante el primero. Daniel Gross, del Centro de Estudios de Política Europea de Bruselas, explicó a los periodistas del Dziennik que “Barroso no genera ningún entusiasmo porque continúa siendo una figura insustancial y falta de inspiración que no es capaz de tomar decisiones difíciles”. Si fuese elegido por una ajustada mayoría, Barroso dependería aún más de los “grandes” (los líderes de Alemania, Francia y el Reino Unido) quienes, según el diario, son en cualquier caso los que han ejercido el verdadero poder en la UE durante los últimos cinco años de mandato.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.