“La CIA tuvo una prisión secreta en Polonia”, titula la Gazeta Wyborcza, haciendo referencia a la instalación de Szymany, al norte de Polonia, donde, según la prensa estadounidense, defensores de los derechos humanos y el Consejo de Europa, los estadounidenses interrogaban y torturaban a altos mandos de Al Qaeda entre finales de 2002 y principios de 2003. Se abrió una investigación oficial calificada de alto secreto para este caso y se hizo pública en 2008, según la Wyborcza. Ahora se pretende acusar a miembros del gabinete de la Alianza de la Izquierda Democrática (en el poder de 2001 a 2005) de los cargos de violación de la Constitución, detención ilegal y complicidad en crímenes contra la humanidad. No obstante, hace dos semanas, el fiscal al mando, Jerzy Mierzejewski, fue relevado del caso y su superior inmediato, Robert Majewski, dimitió. Sus pesquisas, apunta Wyborcza, confirman de manera indirecta que en Polonia existieron “bases secretas y extra-territoriales de la CIA”, lo cual no únicamente “contraviene la ley polaca, sino también resulta humillante para la propia Polonia”. Esto hace que Varsovia, ansiosa por exportar al Norte de África su experiencia de transformación hacia la democracia, quede en una posición muy comprometida. “Si queremos enseñar a otros cómo deben lavarse las manos, primero tenemos que frotar bien nuestras propias uñas”, concluye el editorial del diario.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.