“Un tributo a los polacos”, titula Gazeta Wyborcza, en relación a los planes del Parlamento alemán de adoptar una resolución rehabilitando a la minoría de los activistas polacos perseguidos por los nazis. El documento se aprobará el próximo 9 de junio. La pre-bélica Unión de Polacos en Alemania (cuando Alemania se anexionó parte de lo que ahora corresponde a la actual Polonia) fue una floreciente organización que se ocupaba de docenas de escuelas polacas, bibliotecas públicas y centros culturales. En octubre de 1939, se les declaró proscritos, confiscaron sus propiedades y enviaron a 1.200 activistas a campos de concentración. A pesar de que la resolución no recoge ninguna compensación para sus familias, es, según recalca el diario de Varsovia, un “gesto de extrema importancia”. El documento también contiene un gran número de disposiciones como la de crear un museo de la comunidad polaca en Alemania en la ciudad de Bochum, y designar a un representante de la comunidad polaca ante el Gobierno en Berlín y plenipotenciarios para asuntos relacionados en cada uno de los gobiernos regionales. La resolución del Bundestag, recoge la Gazeta Wyborcza, se percibe como “un cierre simbólico de la última de las polémicas polaco-alemanas”, incluso a pesar de que Berlín todavía “no quiere oír hablar de” un reconocimiento formal de los polacos sitos en Alemania como una minoría étnica.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.