“La venganza de Lukashenko”, titula Gazeta Wyborcza después de que un tribunal de Bielorrusia sentenciara a Andrei Sannikov, rival de Lukashenko en las elecciones presidenciales del 2010, a cinco años en una colonia penal por organizar una manifestación a la que asistieron 20.000 personas el día de la votación (19 de diciembre). “Es el primero, pero no el último de los rivales del dictador que va a prisión por atreverse a desafiarle”, escribe el diario de Varsovia, señalando que tres candidatos de la oposición en ejercicio están a la espera de su sentencia. Pavel Sheremet, un periodista de Bielorrusia que estuvo encarcelado hace varios años y al que el año pasado le retiraron la ciudadanía de Bielorrusia, afirma que el presidente Lukashenko quiere conseguir dos cosas: vengarse de sus oponentes políticos y, mediante la retirada del pasaporte o el encarcelamiento, hacerse con un grupo de “rehenes” que se pueden utilizar como baza en las negociaciones con Occidente sobre el levantamiento de las sanciones contra Bielorrusia y el descongelamiento de la ayuda para el país.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.