El público británico cada vez está más desanimado respecto a la guerra de Afganistán. En un mes en el que han perdido la vida 22 soldados británicos, de un total de 191 fallecidos durante un conflicto que dura ya ocho años, el diario londinense The Independent publica en primera página los resultados de una encuesta reciente según la cual el 52% de los británicos quieren que las tropas se retiren de Afganistán de inmediato. Un 58 % reconoce que es imposible derrotar a los talibanes militarmente y que por lo tanto ésta es una guerra que “no se puede ganar”. Sin embargo, el primer ministro británico, Gordon Brown, sigue todavía subido en la ola de optimismo general observada en junio, cuando la mayoría estaba a favor de la guerra, y ayer anunció el éxito de la primera fase de la “Operación Garra de Pantera”, una ofensiva del ejercito para expulsar a los talibanes de la zona de Helmand antes de que tengan lugar las elecciones afganas el mes próximo. “Hemos conseguido crear un espacio de seguridad para 100.000 personas”, declaró. La población de Afganistán es de 30 millones de habitantes. Según Afghanistan Conflict Monitor, 800 civiles murieron durante los primeros cinco meses de 2009. Este organismo defensor de la seguridad humana también informa de que sólo en 2008 murieron 3.917 civiles.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.