Las previsiones de los economistas estadounidenses están en vías de confirmarse: el euro divide más que une a los ciudadanos europeos, constata Die Zeit. “El Norte ya no quiere ser más el cajero, el Sur quiere deshacerse de sus inspectores. Para el contribuyente alemán, sus impuestos financian la vida de alto standing irlandesa. Para el ahorrador irlandés, su ahorro salva a los bancos alemanes”. El viento sopla a favor de los partidos euroscépticos, al igual que de los nacionalistas, los populistas y otras casandras de la crisis. “La historia no es un proceso lineal”, previene el semanario de Hamburgo, y “Europa puede desintegrarse de la misma manera en que se unió, si no se pone fin a ese proyecto de elite sin participación ciudadana y si no comenzamos a debatir de manera democrática”.
“Con sus torpes maniobras, las fuerzas políticas consolidadas han perdido gran parte de su credibilidad. Quizá no quede sino el recurso a la ofensiva – un referéndum europeo sobre el futuro del euro. Quizá el intercambio de pareceres pueda convencer a los escépticos. Se trata de una empresa arriesgada, puesto que nadie sabe en qué derivará. Pero en democracia no se puede gobernar contra el pueblo. Lo que queda claro es que los problemas económicos del euro – por muy graves que sean – pueden resolverse. Si la unión monetaria se hunde, se deberá a razones políticas”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.