“Tragedia griega sin último acto”, titula Die Presse. Ahora que los nervios están a flor de piel en la zona euro, algunos medios considerados serios abogan por la salida de Grecia de la moneda única, mientras que la agencia de calificación Standard & Poor’s rebaja la nota de la deuda soberana de dicho país hasta un nivel “tóxico”. Así, el diario vienés se pregunta: “¿Mutis de Grecia? No. En realidad, se trata de otra cosa. Tras un año de obstinada negación, los gobiernos europeos deben admitir que sólo es posible que acabe la pesadilla griega si se condona una parte de la deuda ateniense equivalente al 150% de su PIB”, y eso antes del verano de 2013, apunta Die Presse. Ante la imposibilidad de proceder a la simple expropiación de los inversores, Europa adoptará probablemente el modelo de la crisis sudamericana de los años 90: canjear obligaciones griegas por obligaciones del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Pero hay un inconveniente: esta solución exige la unanimidad de los Veintisiete y, en especial, el beneplácito de Angela Merkel.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.