Cada vez se plantea más la pregunta que Libération lleva en portada: “¿Es el fútbol racista?”. Sucede una semana después de las revelaciones del sitio de información Mediapart, según las cuales el seleccionador nacional Laurent Blanc y la dirección técnica del fútbol francés buscaban “limitar el número de jugadores franceses de tipología africana y norteafricana” al instaurar cuotas discriminatorias para los jugadores con doble nacionalidad en los centros de formación. El asunto, que pone en tela de juicio la imagen del equipo negro-blanco-árabe del campeón del mundo de 1998, toma un giro político y social. Libération considera que “la polémica está justificada" y publica un llamamiento lanzado por los entrenadores de barrio que denuncian "la denigración de los negros y los árabes en el seno de la Federación francesa de fútbol". "Se apoya – más allá del símbolo que constituye el equipo nacional del deporte más popular que existe – en lo que más daño le hace a Francia: el fallo de su modelo de integración y la segregación social y urbana en la que se mantiene, tras tres generaciones, a millones de ciudadanos de origen inmigrante”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.