La inteligencia empresarial es una práctica cada vez extendida, y no sólo en el sector de la industria militar. El diario francés Libération se hace eco del caso de Alain Quiros, programador y pirata informático profesional, implicado en tres casos de espionaje industrial de gran relevancia. Quiros logró infiltrarse en los ordenadores de un dirigente de Greenpeace, el abogado de varios accionistas de Vivendi y EADS, y un laboratorio de control antidopaje. De momento hay dos presuntos responsables: la compañía eléctrica francesa EDF, que habría puesto en marcha un plan de vigilancia para estar al tanto de las posibles acciones de la organización ecologista, y el ciclista estadounidense Floyd Lantis, que perdió el título de ganador del Tour de Francia del 2006 tras un control positivo por testosterona efectuado por dicho laboratorio. “El caso de Quiros es representativo de una profesión maldita que se ha organizado al margen de cualquier marco legal (...) y pone de manifiesto la necesidad de regular la situación de quienes se dedican a la inteligencia empresarial”, explica el rotativo galo.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.