“La hora de la verdad en Libia,” titula The Economist, debido a la “misión creep” (expansión inadvertida o desbordamiento de una misión) y la desorientación que afecta a la intervención aliada en el Estado norteafricano. “El avance de los rebeldes y la retirada del coronel Muamar el Gadafi hacia el este parece que al final ha resultado en tablas,” afirma el semanario de Londres, añadiendo que “se han visto reforzados los diferentes intereses de la coalición.” Más específicamente, Barack Obama se ha estado andando con rodeos en torno a si EE.UU. suministrará la fuerzas aéreas necesarias para atacar a las tropas de Gadafi en las áreas urbanas. “La preocupación es que dicho titubeo es sintomático de una mayor reticencia a esclarecer el asunto”. The Economist insta a Obama a no retener la fuerza aérea estadounidense “pretendiendo no mancharse las manos. Junto a los europeos y árabes, debería enviar instructores, observadores, apoyo logístico y de telecomunicaciones para fortalecer a los rebeldes, tal como la ONU le permite. No importa lo que digan las encuestas en su país, el presidente de EE.UU. está metido en esto ahora.”
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.