“El grado de disposición de una gran parte de la sociedad irlandesa a perpetuar los buenos tiempos hasta el último minuto, característica de la obsesión financiera, puede haber sido una singularidad”. Este titular de Irish Times, cuya excepción es una excepción a la regla, es una cita del informe oficial sobre la caída del sector financiero irlandés elaborado por el experto en banca finlandés, Patrick Nyberg, que fue publicado el pasado 19 de abril. Invitado a examinar el caso de Irlanda desde el 1 de enero de 2003 al 15 de enero, y después de seis meses, 140 entrevistas y un gasto de 1,32 millones de euros, el Nyberg ha concluido que “la supervisión poco estricta por parte de los organismos reguladores y el Gobierno, las decisiones erróneas de los bancos en materia de concesión de préstamos y un ‘consenso incondicional’ sobre una probable estabilización del mercado inmobiliario fueron las principales razones”. Sin embargo, el informe “no llega a acusar a ningún individuo de esta crisis financiera”, indica el diario dublinés, y subraya que el informe es “sorprendentemente escaso en cifras y tiene demasiada psicología”. Añade que la “conclusión un tanto pobre a la que ha llegado el Nyberg de que todos somos responsables en mayor o menor grado de este desastre en que nos encontramos, no dejará satisfecho a todo el mundo”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.