El pasado 9 de abril, un 60% de los electores islandeses se volvió a oponer al acuerdo firmado entre su Gobierno y el de los Países Bajos y el de Reino Unido acerca del reembolso de los 3.900 millones de euros perdidos por los clientes de esos dos países tras la quiebra del banco islandés Icesave. En marzo de 2010 ya habían rechazado un acuerdo similar por una mayoría de un 93%.
Este resultado "no amenaza la estabilidad" del país, asegura el diario Morgunbladid citando al representante del FMI en Reykjavik: "Icesave nunca ha formado parte del programa del FMI" para reflotar el país. En noviembre de 2008, en plena crisis financiera, el Fondo Monetario Internacional acordó conceder a Islandia un préstamo de más de 2.000 millones de dólares, cuyo desembolso debe terminar este verano.
Este doble rechazo llega tras la dimisión del Gobierno islandés en enero de 2009, forzada por las manifestaciones de los ciudadanos que habían perdido bien sus ahorros o su empleo. "Islandia era hasta ahora un país más o menos desconocido para el gran público, pero ahora se dice que la rebelión de ‘la calle’ hizo caer su Gobierno y que esto podría ser un ejemplo para otros países grandes y corruptos", manifiesta el escritor islandés Guderburg Bergsson en el diario El País. "Ahora es el dinero el que ha ocupado el lugar de las ideologías. ‘La calle’ ha perdido su dinero, con el cual iba a comprarse algo parecido al sueño americano, y por lo tanto se rebela violentamente".
"No ha sucedido ninguna catástrofe en Islandia sino un pequeño frenazo de la megalomanía nacional, producto del aislamiento", concluye el escritor, para quien la consecuencia que puede extraerse de esta crisis es que "la nación entrará en razón. Sin ser forzados los países no entran nunca en razón".
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.