“Francia está en guerra”, anuncia Libération en su portada tras la intervención en Costa de Marfil “a petición de la ONU” de la fuerza francesa Licorne (con 1.650 soldados) junto a los cascos azules de la ONUCI, la misión desplegada de Naciones Unidas. El 4 de abril, los helicópteros de la ONUCI y del ejército del aire francés bombardearon numerosos enclaves de los partidarios del presidente marfileño saliente, Laurent Gbagbo, que rechaza entregar el poder a su rival, Alassane Ouattara, reconocido por la comunidad internacional como ganador de las elecciones de noviembre de 2010. “Esta intervención llevada a cabo conjuntamente entre la ONU y una antigua potencia colonial [Costa de Marfil adquirió su independencia en 1960] es sin duda una novedad tras la descolonización", explica Libération.
La operación se ha llevado a cabo en virtud de la resolución 1975, adoptada a finales de marzo por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. “Tanto en Libia como en Costa de Marfil, aunque Sarkozy se empeñe en negarlo, Francia toma partido y busca, de hecho, desalojar por la fuerza a Gadafi y a Gbagbo”, argumenta el diario francés. “Y a pesar de que los motivos humanitarios sean reales”, prosigue el periódico de izquierdas, “Sarkozy involucra a Francia en dos misiones peligrosas”. “¿Por qué esta voluntad de proteger a los civiles no ha permitido evitar la masacre de Duékoué, en el oeste del país, de la que las fuerzas de Ouattara son aparentemente culpables?”, se plantea el diario, para quien tanto en Libia como en Costa de Marfil “a ojos de la población autóctona, los opositores serán siempre culpables de haber llegado al poder en los furgones de un ejército extranjero”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.