“La prescripción breve hace estallar la revuelta”, titula La Repubblica al día siguiente del caluroso debate en la Cámara de los diputados sobre la ley que pretende acortar el plazo para la prescripción (y, por ende, la duración total de los procesos judiciales). La enmienda entraña el riesgo de que se anulen miles de procesos en curso, entre los cuales se incluyen los que juzgarían por corrupción al jefe de Gobierno, Silvio Berlusconi. Varios centenares de manifestantes protestaron contra el Gobierno frente al Parlamento, lanzando monedas e insultando a los ministros que pasaban por allí. “Es el precio, intolerable, que Berlusconi quiere hacer pagar a los italianos”, afirma el diario romano; “para asegurar su impunidad, deben renunciar a la justicia”. El rotativo informa de la visita que, mientras tanto, realizaba Berlusconi a la isla de Lampedusa, en plena crisis humanitaria por el desembarco de miles de refugiados procedentes del norte de África. El primer ministro ha prometido a los exasperados habitantes la evacuación de los migrantes y les ha anunciado que él mismo se ha comprado una villa en la isla.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.