“Las relaciones polaco-lituanas, en horas bajas”, se lamenta un comentarista de Rzeczpospolita, ya que la presidenta lituana Dalia Grybauskaitė ha firmado el 30 de marzo una enmienda a la ley de la educación que, según el artículo de portada del diario, puede deteriorar aún más la situación de los 200.000 polacos que viven en Lituania. Con la nueva ley, que entrará en vigor el 1 de julio, será obligatoria la enseñanza en lituano de varias materias (como historia y geografía lituana) en los colegios de las minorías, una acción que desde el punto de vista del ministro de Educación Gintaras Steponavičius ha sido dictada por “la necesidad de una mejor integración de la minoría polaca en Lituania”. Rzeczpospolita teme que con la nueva ley también se acabe con más de la mitad de los 116 centros educativos polacos en Lituania, puesto que especifica que en aquellos lugares en los que existan dos colegios y uno de ellos ofrezca formación en un idioma minoritario, en caso de que no hubiera suficientes alumnos, se cerraría el colegio de la minoría.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.