“La advertencia” es el título con que el diario Libération informa de la segunda vuelta de las elecciones cantonales (locales) en Francia. Si bien el Frente Nacional (FN, extrema derecha) de Marine Le Pen sólo ha ganado finalmente en dos cantones del sur – Carpentras y Brignoles – , la formación ha superado el listón del 40% de los votos en numerosas regiones y gana posiciones gracias al 11% obtenido a nivel nacional. La mayoría cambia de signo en pocos departamentos y el Partido Socialista suma alrededor del 36% de los sufragios a nivel nacional, frente al 18,6% de la Union pour un Mouvement Populaire (UMP), el partido de Nicolas Sarkozy. Como en la primera vuelta, el escrutinio se ha caracterizado por la elevada abstención (54%): “Esta segunda ronda de las cantonales confirma el desinterés por la última votación antes de 2012”, afirma el rotativo de izquierdas. Libération opina que asistimos a “una banalización de la deserción de las urnas que se corresponde con la desconfianza de los ciudadanos hacia los responsables políticos (…). A un año de las presidenciales, algo anda mal en la democracia francesa”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.