“Depósito lleno, pero baches en el camino", titula el Daily Telegraph un día después de que George Osborne, ministro de Economía británico, presentara su último presupuesto en el Parlamento. En una serie de medidas a las que el estancamiento económico que sufre Reino Unido ha robado protagonismo y entre recortes draconianos y unas perspectivas de lento crecimiento del 1,7% en 2011, Osborne anunció un “inesperado gravamen de 2.000 millones de libras anuales sobre la extracción de crudo del mar del Norte para financiar un recorte inmediato del impuesto sobre carburantes de 1 penique por litro”. “El carburante será el motor de la economía británica”, anunció. Sin embargo, el diario conservador destaca que “con toda probabilidad la drástica subida de impuestos que ya se ha anunciado y que entrará en vigor el mes que viene eclipsará el nimio ahorro que supone para los hogares”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.