Gerry Adams, líder del Sinn Féin, el mayor partido nacionalista de Irlanda del Norte, vuelve a tratar la cuestión de la reunificación irlandesa. En un discurso pronunciado en Westminster esta semana, Adams exponía, entre otros aspectos, que aunque los Unionistas norirlandeses constituyen menos del 2% de la población británica, sin “ninguna influencia importante en la dirección de sus propios asuntos”, al ser el 20% de una nueva Irlanda, podrían “ejercer un poder político real”.
No es de extrañar que el argumento no haya logrado seducir a muchos. Davy Adams, antiguo paralimitar, ha expresado que la campaña de la reunificación del Sinn Féin “mantendrá al unionismo en un estado constante de ansiedad”, es decir, amenaza de nuevo el espectro de la vuelta a los “problemas” que había dejado zanjados formalmente el Acuerdo de Viernes Santo. Adams replica en el diario Irish Times, que la verdad es que “los máximos poderes han olvidado a los unionistas de Irlanda del Norte”. Lejos de ser sectario, el Sinn Féin “está esforzándose al máximo para trabajar con los ciudadanos de estos barrios”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.