"Flash-ball: atropello policial", así reza hoy uno de los titulares de Libération, en referencia a los fusiles lanzapelotas que utilizan los antidisturbios franceses. El pasado 8 de julio, el actor y director Joachim Gatti perdía un ojo a causa de un pelotazo de goma lanzado por la policía durante una manifestación convocada en Montreuil en contra del desalojo de un local okupa. El diario galo denuncia el uso de la violencia por parte de la policía en una manifestación que “transcurría pacíficamente”, según Dominique Voynet, alcaldesa del municipio, situado a las afueras de París.
“Joachim Gatti es, como poco, la séptima persona que pierde la vista en un ojo debido a este arma”, se lamenta el diario. “Se deben mejorar la reglamentación sobre el uso de fusiles lanzapelotas y pistolas de descarga eléctrica, y la formación que reciben los policías”. Este tipo de fusil sólo puede usarse en legítima defensa; los agentes tienen terminantemente prohibido apuntar a la cara o a la cabeza. Según el sociólogo Fabien Jobard,”la brutalidad suele ser sinónimo de incompetencia del cuerpo policial”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.