“El ministro de Defensa Guttenberg: ¡dimisión!”, exclama Bild. El tabloide alemán, que ha apoyado a Karl-Theodor zu Guttenberg hasta el final, reproduce extractos del discurso pronunciado por el ministro el 1 de marzo después de dos semanas de polémica por el plagio de su tesis: “He alcanzado el límite de mis fuerzas”, “Es el paso más doloroso de mi vida”, “No he sido elegido para ser ministro de la autodefensa”. El ministro más popular del Gobierno alemán, descendiente de una familia noble, que se tenía por la encarnación de la decencia y la rectitud, ha sido víctima de sus propios preceptos. “Es la mediocridad gris en el poder, los envidiosos”, los que han hecho caer “al político con más talento del país”, asegura el redactor jefe de Bild, que estima que este episodio ensancha la brecha entre la política y el pueblo. Pero no todos los periódicos se toman este acontecimiento tan a la tremenda. Die Tageszeitung, por ejemplo, titula: “Guttenberg, más rápido que Gadafi”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.