“La UE está decidida a restringir en gran medida sus normas de libertad de acceso a la información, siete años después de que se introdujeran”, informa EUobserver, para disgusto de una alianza integrada por 180 organizaciones a favor de los derechos humanos, grupos de presión para la transparencia y sindicatos de periodistas. Con las nuevas normativas, actualmente en fase de examen por parte de un comité antes de pasar al Parlamento Europeo, “únicamente los documentos que se transmitan formalmente se pondrán a disposición del público, previa solicitud”. Esto implica que miles de documentos informales, como escritos y correos electrónicos intercambiados entre líderes políticos europeos, ya no podrán solicitarse ni estarán sujetos a la libertad de acceso a la información. El sitio web con sede en Bruselas señala que las nuevas normativas “además permitirán a los Estados miembros establecer poderes más sólidos para negar el acceso a sus comunicaciones con las instituciones de la UE y para restringir el acceso a documentos relativos a disputas iniciadas por la Comisión contra las capitales nacionales”. Uno de los miembros de la alianza, haciendo un llamamiento a los eurodiputados para que “frenen” esta legislación restrictiva, afirmaba que “nuestros representantes deben luchar para aumentar los derechos de los ciudadanos, no para reducirlos”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.