“Se avecina una época de dificultad”, titula The Independent citando a Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, después de que se publicasen los datos oficiales que demuestran que la economía británica se contrajo en un 0,5 por ciento durante el último trimestre del 2010. “La noticia fue calificada de ‘espantosa’, ‘funesta’ y ‘terrible’ por los analistas”, señala el diario londinense, que teme una doble recesión y, según King, un incremento de la inflación en un 5 por ciento para el año 2012. El canciller, George Osborne, se ha apresurado a refrendar la opinión de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONS) de que la caída de la producción registrada se debe principalmente al “clima tan horrible” que azotó a Gran Bretaña a finales del 2010. Ha rechazado cambiar el curso de su plan de ajuste. “Eso hundiría de nuevo a Gran Bretaña en una crisis financiera”, dijo, como si el Reino Unido no estuviera inmerso ya en una.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.