“Lo barato cuesta”: tras el escándalo de la dioxina hallada en huevos y carne en Alemania, ahora Der Freitag pasa revista a la “comida nociva” [comida basura]. Es indiscutible, los alemanes siempre han destinado muy poco dinero a su alimentación, concretamente el 11% de su presupuesto, muy por debajo de italianos y franceses. “Los alemanes son bastante democráticos comiendo – explica el semanario berlinés – . No convierten sus hábitos alimenticios en símbolo de ostentación exterior, de ahí que se vean abrigos de piel en la caja de Aldi si el champán es bueno.” Sin embargo, matiza la publicación, no se puede acusar a los consumidores que se decantan por productos más baratos de provocar “la mezcla de ácidos grasos destinados a la producción de papel con los piensos para animales”. Es el propio sistema el que está en tela de juicio: las grandes superficies presionan a los agricultores para que abaraten todavía más la producción, fenómeno, apunta el diario, alimentado por la UE y las subvenciones a la agricultura intensiva en Europa Occidental.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.