“Se exige una investigación de la conducta del agente de policía encubierto”, recoge en sus titulares el diario The Guardian, tras las revelaciones del 10 de enero de que el agente Mark Kennedy, un policía londinense, vivió infiltrado en el corazón del movimiento activista medioambiental. De 2003 a 2010, Kennedy “utilizó un pasaporte falso para viajar a 22 países diferentes mientras se hacía pasar por activista y se ganó la confianza de los demás activistas para recopilar información de inteligencia que transmitía a sus superiores”. Sin embargo, el agente, “en su deseo de salvarse”, ha dejado la policía y, revelando su identidad real, ha ayudado a liberar a seis activistas que se enfrentaban a juicios por conspiración para invadir una central térmica cerca de Nottingham. Por otro lado, Scotland Yard está recibiendo presiones para explicar “si autorizó al agente encubierto a tener relaciones sexuales con activistas medioambientales, después de que una mujer declarara que se sintió violada”, informa el diario.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.