“Las grandes ciudades pierden habitantes velozmente” titula un alarmado Rzeczpospolita. Durante la última década, una ciudad como Lodz, que una vez tuvo una población cercana a los 800.000 habitantes, hoy en día tan solo puede presumir de 740.000, cifra que podría descender hasta 600.000 en los próximos 20 años. Mientras otras ciudades polacas se enfrentan al mismo problema, tan solo la población de Varsovia ha aumentado a un ritmo constante hasta el actual 1,7 millones de habitantes. “La gente se va donde están los buenos trabajos”, afirma un técnico informático de 39 años que acaba de trasladarse desde Lodz a Cracovia, donde actualmente gana hasta tres veces más. Según la Oficina Central de Estadística (GUS), el vaciamiento de las ciudades polacas es señal de una mayor tendencia demográfica. Se calcula que debido a la decreciente tasa de nacimiento, la emigración y las políticas con “miras a corto plazo”, la población de Polonia se verá reducida para 2035 desde los 38 millones actuales a poco más de 35 millones de habitantes.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.