El 1 de enero Estonia se convirtió en el décimosexto miembro de la zona euro. “La entrada en el euro no va a suponer ningún cambio sustancial en la vida de los estonios, aunque habrá que acostumbrarse a saber cuánto vale esto o aquello en euros”, observa simplemente Postimees. “Durante algún tiempo, la gente será probablemente más prudente en sus gastos y prestará más atención al cálculo para saber si el precio en euros corresponde al precio en coronas estonias. La experiencia pone en guardia ante los precios en euros demasiado ‘redondeados’”.
“Con la entrada de Estonia en la zona euro, los estonios ya no deben temer al menos la devaluación, un miedo muy real hace apenas un año”, añade el periódico. Los cielos de la zona euro no han estado exactamente despejados estos últimos años. La crisis ha puesto en evidencia la falta de disciplina financiera de muchos Estados y los pesimistas hablan de una posible ruptura de la zona.
“Este contexto nos lleva a preguntarnos por qué Estonia ha realizado tantos esfuerzos para embarcarse en un navío que va a naufragar”, subraya Postimees. “Aunque si la zona euro fuera a romperse, la catástrofe sería tal que no habría mucha diferencia entre estar dentro o fuera”.
“La pequeña Estonia reforzará el euro”, estima por su parte Edin Mujagic, de la Universidad de Tilburg, en el Volkskrant holandés. Por más que la república báltica no sea una superpotencia económica, es un "prodigio" en materia de finanzas públicas, asegura el economista. Su deuda pública es de apenas el 7%, muy por debajo de los niveles de las economías fuertes de la zona euro.
De hecho, añade Edin Mujagic, la entrada de Estonia en la moneda única es una buena noticia para Alemania, Holanda y Finlandia. Para estos países que se pretenden virtuosos, el ingreso en el Banco Central Europeo de un país “que promueve la salud de las finanzas públicas, que no quiere financiar la deuda comprando obligaciones del Estado y que da prioridad al control de la inflación, no es una mala noticia”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.