“Los temores del BCE por la ley bancaria irlandesa”, titula The Irish Times. En un informe firmado por el presidente del BCE Jean-Claude Trichet, el Banco Central Europeo ha expresado una “grave preocupación” por la controvertida Ley (de Estabilización) de Instituciones Crediticias de Irlanda, aprobada por el Parlamento el 15 de diciembre. La legislación de emergencia le concede al ministro de Economía irlandés, Brian Lenihan, amplios poderes hasta el 2012 para que reorganice el maltrecho sector bancario. Esto incluye “poder para rechazar a accionistas, despedir directores, cargar pérdidas a los tenedores de bonos así como transferir créditos y depósitos desde los bancos irlandeses”. El BCE teme los riesgos que conlleva proporcionar liquidez a los bancos irlandeses y se muestra preocupado ante la posibilidad de que la ley viole sus propios derechos. “Datos recientes desvelan que los bancos irlandeses tienen pendientes de pago al BCE 136 mil millones de euros en préstamos (la cuarta parte del total de la Eurozona)”, apunta el rotativo de Dublín.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.