“La culpa de mi Iglesia”, reza el titular de portada de Gazeta Wyborcza. Hace referencia a la carta dirigida al nuncio del Vaticano en Polonia, el arzobispo Celestin Migliore, escrita por el padre Ludwik Wiśniewski, un legendario sacerdote, icono de los estudiantes durante la época comunista. En la carta, Wiśniewski lamenta el estado de la Iglesia católica polaca, destacando que algunos miembros del episcopado apoyan iniciativas aparentemente católicas que en realidad resultan “paganas ya que encrespan y dividen a la sociedad y a la propia Iglesia”. Y añade que la mitad de los sacerdotes polacos están “infectados por la xenofobia, el nacionalismo y un antisemitismo tímidamente escondido”. El padre Wiśniewski acusa también a sus colegas de no saber “cómo comunicarse con un mundo en constante cambio” y de “difuminar las fronteras entre Evangelio y política”.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.