“Rusia quiere la integración en la UE”, escribe Rzeczpospolita evocando la carta de Vladimir Putin publicada un día antes en Süddeutsche Zeitung. El primer ministro ruso despliega en ella su ambicioso proyecto de una “comunidad económica armoniosa que se extendería de Lisboa a Vladivostok”, e invoca la creación de una zona de libre intercambio y la creación de lazos económicos más estrechos entre la UE y Rusia. Para conseguirlo, estima Putin, deben darse varias condiciones: de entrada, Rusia debe ingresar en la OMC; además, el régimen de visados entre la UE y Rusia debe experimentar una profunda revisión y ponerse en marcha una cooperación de gran alcance en el dominio científico, tecnológico y de la energía. “El plan marca un giro en la mentalidad de Putin”, observa en el periódico un experto de la Fundación Bertelsmann según el cual el líder ruso era más bien favorable a un acercamiento económico con Extremo Oriente y el espacio ex soviético. Un miembro del Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales enfriaba el entusiasmo afirmando que “Putin espera que la UE adapte su legislación en nombre de la cooperación con Rusia, pero esto no es realista”, aun cuando sea “un signo alentador de que por primera vez Rusia comienza a tratar seriamente a la UE como una entidad”.
UE-Rusia
Putin reclama una zona de librecambio
26 noviembre 2010
Presseurop
Rzeczpospolita
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.