"Marruecos domina El Aaiún a través de su red de delatores", titula el diario El Mundo, que ha investigado el "sistema minucioso" que Rabat ha impuesto en la capital del Sáhara Occidental tras los disturbios que han seguido al desmantelamiento del campamento de refugiados saharauis de Gdem Izik, el pasado 8 de noviembre. Los acontecimientos violentos han dejado 11 muertos entre las fuerzas del orden marroquíes y un número impreciso de víctimas entre los civiles saharauis (entre 2 y 4 según Rabat y 36 según los independentistas del Frente Polisario), entre los que hay un ciudadano español de origen saharaui. El diario recuerda igualmente el cerrojazo informativo impuesto hasta el 21 de noviembre por Marruecos, que prohibió a los periodistas extranjeros el acceso a la antigua colonia española anexionada por Rabat en 1976, acusándoles de apoyar la causa de los independentistas saharauis y provocando de esta manera una creciente tensión diplomática con Madrid. El Gobierno español no ha condenado el asalto de las fuerzas marroquíes en nombre de las buenas relaciones con Marruecos.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.