“PO gana, PiS se fortalece”, destaca en sus titulares Gazeta Wyborcza el día después de las elecciones locales y regionales en Polonia. Con el 57% de los votos escrutados, la Plataforma Cívica (PO), el partido gobernante, lidera con un 31,4% por delante del principal partido de la oposición, Ley y Justicia (PiS), con un 23,1%. La Alianza de la Izquierda Democrática (SLD) obtuvo un 15,3% y el Partido Campesino Polaco (PSL), un 15,7%. Los candidatos de la Plataforma Cívica han ganado en una serie de ciudades importantes, incluida Varsovia, mientras que el PiS ha salido reforzado en la parte oriental del país, la más desfavorecida económicamente. Según el editorial de Gazeta Wyborcza, las elecciones han demostrado que “al contrario de lo que revelaban las encuestas de opinión, ni el PO es tan fuerte ni el PiS tan débil”. Por consiguiente, Polonia “sigue estando muy dividida”. Y parece que continuará así, al menos hasta las elecciones parlamentarias del año que viene.
El jefe de la coalición de la izquierda radical Syriza, vencedor en las elecciones del 6 de mayo, es la figura ascendente de la política griega. A tres semanas de las elecciones legislativas del 17 de junio, su programa, que oscila entre el pragmatismo y la lucha de clases, preocupa a muchas capitales europeas.
Las tribulaciones económicas de Europa nos han obligado a intentar comprender el mundo secreto de las finanzas globales. Pero ahora que prestamos más atención a los intereses de los bonos y a los mecanismos de estabilidad, nos ha quedado claro que los expertos, desde lo alto de la cumbre del Olimpo, tampoco saben qué está ocurriendo.
La organización de la edición de 2012 de la gran fiesta musical en Azerbaiyán, país que dista de ser una democracia modelo, suscita reservas en Europa. Y son muchos los que denuncian la benevolencia mostrada hacia el régimen de Bakú.